Érase una vez...


A veces hay quien entra en tu vida sin esperarlo ni pedirlo y, sin darte cuenta, te ha zarandeado la vida de tal modo que ni recuerdas cómo eras.
Me dejé curar y cuidar pensando que lo tenía todo controlado, que ya me iba bien todo eso para superar la ruptura con mi ex, que en realidad ella no tenía ningún interés en mí y que, sobretodo, a mí no me gustaba.
Pero me gustaba, no sé bien por qué, me gustaba su compañía, su conversación, su cinismo, su inteligencia, su manera extraña de interpretar el mundo...
Y pasó. Nos acostamos. Y fui feliz.
Feliz porque yo no quería compromiso, para mí era un "añadido" a nuestra relación de amistad. Yo solo quería disfrutar y pasármelo bien, sin compromiso, sin presión, solo si se terciaba y nos apetecía. Yo no pedía más porque nada más quería.
Pero todo cambió para ella y, por consiguiente, para mí -no me atrevo a utilizar el nosotras-. Su actitud y comportamiento hacia mí comenzó a cambiar y me sentí abandonada, herida, rechazada... y la empecé a necesitar.
"Cuando desaparece la necesidad se llega a un equilibrio psicofisiológico. Es el bienestar de las personas"
Comencé a comportarme de una manera que creí superada, una manera que también a ella le agobiaba. Cuanto más la echaba yo de menos, más me echaba ella de más.
La empecé a odiar, porque es más fácil odiar a otra persona que odiarte a ti mismo, porque es más fácil enfadarse con la otra antes que admitir que la que tienes un problema eres tú. Su cinismo, su inteligencia, su extraña manera de interpretar el mundo, que antes me encantaban, ahora me desesperaban.
En definitiva, me perdí.

Y me encantaría acabar el cuento con una moraleja y diciendo que encontré la manera de superarlo y volver a gustarme a mí misma, pero eso, queridas amigas, sería mentira.



Comentarios

cereza ha dicho que…
Hace no tanto estas historias se relacionaban con el perro del hortelano. Creo
Nosu ha dicho que…
Alguna manera habrá de salir de esto.... ojalá alguien nos la explicara

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