viernes, mayo 06, 2011

La Despedida

Eran casi las 6 de la mañana y una extaña mezcla de tristeza me envolvía.

Nadie que estuviese viéndome bailar y reír como lo hice habría dicho que aquélla noche yo estaba triste.
Ya sabes que siempre fui muy buena para disimular y ocultar. Pero es que, ¿qué podía hacer? Era tu despedida de soltera y además, seamos honestas, ya estaba acostumbrada.

Ninguna de las dos estaba en condiciones de conducir, así que nos metimos directamente en la parte de atrás del coche mientras tu hermana y tu madre ocupaban los asientos delanteros.
Ambas estaban eufóricas y emocionadas por el Gran Día y sé que tú, en muchos momentos, te dejabas arrastrar por su alegría, aunque eso significase que una ínfima parte de ti moriría.

Pero a esas horas no, a esas horas no te apetecía seguir el ritmo a nadie, así que me diste la espalda y te pusiste a mirar por la ventanilla.

- Me duele mucho la espalda, ¿me haces un masaje? - me dijiste.

Y agarraste mi mano para que me acercase a ti, quedando prácticamente pegadas en el asiento trasero al de tu hermana, que era la que conducía.

Sabías lo que hacías. Tu madre, con cervicalgia, no podía girarse a mirarnos y tu hermana, pese a poder vernos por el espejo retrovisor, sólo alcanzaría a vernos las caras.

Apenas en unos segundos, cerraste los ojos y te hiciste la dormida. Yo, comencé a hacerte un suave masaje en la espalda con mi mano derecha, mientras que introducía la izquierda entre el asiento y tu cintura. Me la agarraste fuerte con la tuya y muy lentamente la fuiste llevando hasta tu entrepierna.

Me asusté y a punto estuve de apartar de golpe mi mano, pero tú la cogiste con más fuerza.
No podía pensar, un poco por el alcohol y un poco por el sueño, pero sobretodo por el deseo. Me debatía entre las ganas de tocarte y el miedo a que, nada menos que tu familia, nos pillase. ¿Es que te habías vuelto loca? Tú, la paranoica que no me daba dos besos por miedo a que alguien "notase algo", ¡quería que te tocase delante de tu madre y hermana!

Poco a poco, tras la parálisis inicial fui relajándome al ver que ninguna de las dos se daba cuenta de nuestros movimientos. Relajé mi mano izquierda para que tú también te relajases, apoyé mi cabeza en tu espalda y decidí también hacerme la dormida.
Me pegué todo lo que pude a tu espalda para poder tocarte mejor con mi mano izquierda, mientras que la derecha la dejaba reposar inerte sobre mi pierna.
Parecía que te abrazaba por detrás y que nos habíamos quedado dormidas. Parecía, eso era lo que parecía...

Moví mi mano izquierda, te subí ligeramente la camiseta y comencé a acariciar tu cintura. Me encantó sentir cómo se te erizaba la piel.
Por lo demás, seguías inmutable, así que bajé por tu cintura hasta llegar a tu muslo y allí seguí acariciándote lentamente.
A medida que me acercaba a tu entrepierna, notaba cómo tu respiración se aceleraba, provocando que la mía se entrecortase ligeramente. Notaba los latidos de mi corazón golpeando mis sienes. El miedo y la excitación me dominaban a partes iguales.
En un rápido y sutil movimiento y amparada bajo la protección de mi cuerpo y del asiento, te desabrochaste el pantalón y condujiste mi mano hasta donde tú buscabas.
Me tensé hasta límites desconocidos, pero mandabas tú, siempre lo hacías y yo me limitaba a cumplir, así que, una vez más, me decidí a darte lo que me pedías.
Introduje mi dedo índice apartando tu braga y comencé a acariciarte los labios. Un ligero gemido pareció salir de tu boca, paré un instante mientras abría muy ligeramente los ojos para comprobar que tu madre y tu hermana seguían a lo suyo. Así era, así que proseguí.
Nuestras respiraciones se agitaban a la vez que mi mano continuaba con el movimiento y juro que intentaba controlarla, pero era imposible, una descarga inmensa de adrenalina me estaba recorriendo el cuerpo.
Tu cuerpo comenzó a tensarse, estabas cerca de correrte y apretaste mi mano con la tuya para acompañar el movimiento. Aguantaste la respiración durante unos segundos y escondiste tu cara entre la puerta y el asiento. Todo había acabado.

Te abrochaste el pantalón y te incorporaste un poco en el asiento. Yo hice ver que me despertabas al moverte.

- ¿Os habéis quedado dormidas, eh? - dijo tu hermana.
- Ya ves - le contestaste -. Me ha dado tiempo a soñar y todo.
- Seguro que has soñado con tu futuro marido - dijo tu madre.

Me incomodé y me aparté un poco de ti.

- Qué va - replicaste mientras me cogías y me besabas la mano -. He soñado con Jei.

11 comentarios:

la vecina del quinto dijo...

Por tu culpa ahora nos vamos a soñar todas contigo... :P

Jam lo intenta dijo...

joder, vaya manera de empezar el fin de semana

malena dijo...

vaya...
Da calor y todo.

Hormiga dijo...

Guarra! jaja, y esta vez no te lo digo por irte a formentera ;D

iTxaro dijo...

JOER

Polilla dijo...

la sensación se me hace conocida, pero paso en un micro... que mierda! y el llamo por telefono justo cuando estabamos en lo mejor...y no hubo un "soñe con.." solamente hubo un silencio grande.
Pero sabes qué... este post me hizo ver cosas de ese momento que yo en el momento no vi...

Trasgu dijo...

Upss...que calor!! :P
Bsoss

Nosu dijo...

qué cortarollo, con la madre xD

Axli dijo...

Pero...¿porque no he encontrado yo este blog antes???si creo que esta noche soñaremos todas con esta historia.
Saludos

toatoa dijo...

Me ha encantado :D

cris dijo...

Joder, que entro a currar ahora!!!! Besucos Zorrón mío