lunes, febrero 28, 2011

Nada se olvida

Bueno, me gustaría aclarar que el testimonio del post anterior no soy yo, que pensé que había quedado claro que tengo novia y se llama SinMe.

Lo que pasa es que tenemos una relación abierta, que es lo que se lleva ahora, en la que yo vivo con MiMuhé y ella se va de vacaciones con su como-quiera-que-lo-llamen a Gran Canaria, mientras yo muero de envidia, todo sea dicho.

El viernes, como despedida y porque buscamos cualquier excusa para quedar y rajar de todo arreglar el mundo, fuimos a tomar unas birrillas... o así empezó la noche, porque lo que empezó siendo una inocente quedada a echar un par de cañas, acabó en bacanal romana, por la comida y la bebida na más, eh.

Después del calentamiento de codo en el bar de la Tomasa, decidimos hacer un poco de colchón en un bar de pintxos y montaditos (muy vasco todo, que es lo que nos va), regado todo con un maravilloso vino turbio.
La botella, tal y como llegó, se evaporó, porque no lo entiendo, es que creo que no habían pasado ni 5 minutos desde que la trajeron.
SinMe andaba desorientada y me mandó a pedir las tapas. Lo que ella no sabía es que yo estaba más desorientada y pedí comida como para un banquete de boda y, por supuesto, otra botella de vino.
La cara de SinMe al ver la interminable lista de platos que fueron llegando a la mesa no tiene precio.

A partir de ese momento, todo se vuelve nublado y sólo pequeños retazos de momentos quedan en mi mente como...

SinMe: ¡Qué asco! No quiero más que me sentará mal.
Jei: No bebas más que te vas a poner mala... ya me lo bebo yo. (Léase con entonación de borracha y arrastrando las palabras)

Ó:

Camarero: ¿Queréis algo más, guapas? ¿Postre, cafés...?
Nos negamos moviendo la cabeza con los ojos medio cerrados.
Camarero: ¿Chupitos? Os invito yo.
Jei: ¡Vale!
SinMe: Pos te lo tomas tú con ella, que yo no puedo.

Y eso hizo.

Y para despedirnos, el mejor momento de la noche. Ese en el que el camarero, amablemente, pone el corcho en la media botella de vino que quedaba y la mete en una bolsa de plástico para que yo me la llevara a casa. Me levanto de la mesa, la medio lío parda para mantenerme en pie, ponerme la chaqueta, coger la botella cual vagabundo borracho y saliendo por la puerta corrediza de cristal, girarnos para decir adiós a todo el bar como si fuésemos concursantes de lluvia de estrellas. Lamentable.

Claro que más lamentable es que no recordemos cómo llegamos a casa, cada una a la suya, ni lo que hicimos y, sobretodo dijimos, a nuestras susodichas.


En fin, que olvidemos el olvido y recordemos que...

nada se olvida,
como elefantes que se despiertan de la siesta inalterables
con sus instantes amontonados,

como planetas que van girando sobre si mismos
siempre distintos,
pero guardando siempre sus ritmos.

8 comentarios:

MG dijo...

El camarero lo bordó con lo de la botella y la bolsa de plástico. Magnífica prueba a lo CSI para que al despertar recordaras todo esto! Un beso!

Blau dijo...

Jeicita, jajaja pobrecita mia jajaja espero que te hayan cuidado al llegar a casa ;-)

Besos

Trasgu dijo...

jajaja...cierto es que "que nada se olvida"...pero ten por seguro que si se te olvida arrrgo...siempre habrá quien te lo recuerde!! :P
Me alegro de que lo pasarais bien!!
Bsoss

iTxaro dijo...

me encanta vuestra noche jajajjaja

Nefer dijo...

Bueno, binomio: hay cosas que mejor olvidarlas,no?. Besazos

Hormiga dijo...

Jjajaja, lo de llevarse la botella tapadita con el corcho en una bolsa me ha dejado muerta!!! Molaría ver la grabación de los hechos desde una cámara de seguridad o algo así!

Justa Osadía dijo...

La conversación era algo así??

http://www.youtube.com/watch?v=_BqLL60fU54


xDDD

Jei dijo...

@justa: xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD sí, más o menos xDDDDDDDDDD