LSL (Capítulo 2): Sal de ahí


Fibi volvió a mirar su reloj mientras bajaba las escaleras de la estación de Atocha. Hormonas y Fina tenían que estar a punto de llegar si es que no lo habían hecho ya.
Intentaba comunicarse con ellas por el móvil pero no debían tener cobertura porque le resultó imposible.
Finalmente llegó al punto de encuentro, pero allí no estaban.
Volvió a marcar sus números, pero seguían apagados o fuera de cobertura. Miró alrededor y al fin las vio, al lado del quiosco besándose apasionadamente.

- Veo que no perdéis las buenas costumbres - interrumpió Fibi una vez llegada a su altura.
- ¡Fibi! - exclamó Fina sonriendo -. Anda, ven aquí y dame un abrazo.
- Eh, eh, que me pongo celosa - intervino Hormonas.
- Ya está la tía posesiva - se burló Fibi -. Si para ti también tengo, mujer.

Y se fundió en un abrazo con ambas.

- ¡Ay, qué ganas de veros tenía! - dijo Fibi -. Esta situación está acabando conmigo. Y yo ya no sé qué hacer con Leia. No me puedo responsabilizar de ella, ¿entendéis? No puedo ayudarla si ella no se deja.
- Tranquila, Fibi - dijo Fina -. Seguro que has hecho todo lo que podías.
- Sí, tranquila - apostilló Hormonas -. No te preocupes. El séptimo de caballería acude al rescate. Venga, vamos para allá que vamos a sacar a Leia de su agujero.

Tras casi 1 hora de camino hacia casa de Fibi y durante el cual las puso al día de lo acontecido durante los últimos meses acerca de la enfermedad de Sol y su actitud, la de Leia y sus falsas sospechas y finalmente la desaparición del mapa de Sol, entraron por la puerta.

- Leia - gritó Fibi -. Ya he llegado.

No obtuvieron respuesta, así que se dirigieron hacia la habitación de Leia y tocaron a la puerta.

- Leia - insistió Fibi -, tengo una sorpresa para ti. Tienes visita.

El silencio volvió a ser la respuesta.

- ¡Leia! ¿Estás ahí? Voy a entrar.
- Déjame - gritó al fin Leia -. No quiero ver a nadie.

Hormonas abrió la puerta bruscamente.

- Venga ya - dijo -. ¿Tú te crees que voy a venir hasta aquí y no vas a darme ni un abrazo?
- ¿Hormonas? - preguntó una desconcertada Leia -. ¿Qué haces aquí?
- ¿Que qué hago aquí? ¿Tú qué crees? Vengo a que me saques de fiesta por los madriles. A mí y a Fina, claro, que también tiene ganas de fiesta.
- ¿Fina también ha venido? - dijo Leia incorporándose.
- Pues claro que he venido - contestó Fina sonriendo y entrando en su cuarto -. ¿No nos vas a dar un beso?

Al fin Leia reaccionó y se levantó de la cama para abrazarse llorando a sus amigas.
Después de unos minutos abrazadas en silencio, un silencio sólo roto por los sollozos de Leia, se separaron y fueron a sentarse al sofá del salón.
Hablaron durante horas. De Sol, de Leia, de todos los cambios de los últimos meses. Parecía que la aparición de Hormonas y Fina había sido un bálsamo para Leia, que no había parado de hablar y llorar durante toda la tarde, que pasó volando, echándose la noche encima.

- Bueno - dijo Hormonas -. Yo tengo hambre. ¿Dónde nos vais a llevar?
- Sí, qué tarde es - dijo Leia mirando el reloj -, tendréis que iros a cenar.
- ¿Cómo que irnos? - exclamó Fina.
- Sí, lo siento - tutibeó Leia -. Yo no me encuentro con fuerzas para salir de casa.
- Venga, mujer. Será que te has cansado mucho estando todo el día en la cama...
- Ya, bueno... - dijo Leia incorporándose y dirigiéndose hacia su cuarto -. Lo siento.

Fibi miró a Hormonas y a Fina.

- ¿Veis a lo que me refiero? - les dijo.
- Sí - contestó Fina -. Está fatal - y mirando a Hormonas le dijo -. Ves, sácala de ahí.

Hormonas se levantó decidida y fua al cuarto de Leia.

- Voy a entrar - le dijo.
- Hormonas - dijo Leia -. Agradezco tu preocupación, pero...
- ¡Cállate ya! - replicó -. ¡Ya está bien, Leia! En serio, te entiendo. Entiendo que estás triste, desconcertada, dolida, sin ganas de nada, pero no puedes seguir así, ¿no lo ves? No puedes parar por más tiempo tu vida. No sirve de nada. No conseguirás nada repasando todo lo que ha pasado porque ojalá pudieses cambiar algo haciéndolo, pero eso no pasará. ¿Me oyes? No pasará. Nada de lo que ya ha pasado va a cambiar porque tú te quedes metida en una habitación.

Hizo una pausa, pero Leia cubrió su cabeza con la sábana, así que insistió.

- Leia, por favor. No seas niña. Te toca pensar en ti. ¿Qué crees que está haciendo Sol? Pues pensar en ella. Mirar por ella y seguir con su vida, su vida sin ti. Se ha ido y no quiere saber nada más de ti. Es duro, pero es lo que hay.
- ¡Tú eso no lo sabes! - le gritó Leia -. ¡No lo sabes! No sabes si no está sufriendo, pasándolo mal, recuperándose, si ha perdido alguna capacidad física o psíquica. No lo pintes como si ella estuviese de rositas y olvidándose de mí porque ¡no lo sabes!
- ¡Ni tú tampoco! - le replicó Hormonas -. Te empeñas en pintar la peor de las situaciones, pero la realidad es que tan cierta es tu versión como la mía. Ninguna la sabemos.
- Sal de mi habitación, Hormonas. No quiero hablar más.
- Vale. Me voy. Pero una cosa más te voy a decir. Aunque tu versión fuese la correcta, por quedarte hundida en esta habitación, llorando y alejándote de todo y de todos, no vas a hacer que ella se sienta mejor. Piensa si ella es tan egoísta como para querer que seas una desgraciada.

Leia se dio la vuelta en la cama, dándole la espalda a Hormonas.

- Leia, piénsalo. Más tarde o más temprano tendrás que salir de aquí y enfrentarte a tu vida y de verdad espero que no sea demasiado tarde y te encuentres sola y sin apoyo, porque Fibi también tiene un límite y al final también se alejará.

Hormonas miró hacia la cama, pero Leia no se movía, así que cerró la puerta y fue al salón, donde Fibi y Fina la miraron interrogante.

- No hay nada que hacer - dijo Hormonas -. No entra en razón.
- ¡Qué fuerte! - dijo Fina.
- Sí - dijo Fibi -. Es una lástima, pero es lo que hay. Será mejor que os lleve a cenar a algún sitio y vayamos a tomar una copa. Dejadme un momento que llame a Renée para ver dónde quedamos.

Marcó el número de teléfono de Renée mientras cogían sus bolsos para salir.

- Hola guapa. ¿Dónde cenamos hoy? - le preguntó cuando contactó con ella -. Que hoy no vengo sola.
- ¿Has conseguido que venga Leia? - le contestó Renée al otro lado del hilo.
- ¿Leia? No, no - le contestó -. Han venido Fina y Hormonas, pero Leia...
- Leia sí viene - dijo Leia asomándose por la puerta del salón con un intento de sonrisa en su cara.

Comentarios

Nefer ha dicho que…
Yujuuuuuuuu, ya se ha levantado! Y eso que no había Sol!
Besazos
Fibi ha dicho que…
ays, menos mal que Leia reacciona, coño, que vaya telita...esta depresión profunda en la que ha caido no mola...XDDDDDD, kisssssssss
toatoa ha dicho que…
Toma yaaaaa!!!
Si lo que no consigan hacer unas buenas amigas...

Ainss... qué emocionante!!!
Blau ha dicho que…
Leiaaaa, te voy a dar una!

Besitos
Norma ha dicho que…
Leia abandona el lado oscuro... :)
Abernathy ha dicho que…
mira que se hace de rogar eh? que se la lleven de pendoneo y a ver si vuelve a casa con alguna presa entre los brazos... mayor de 27, no? xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
Hormonas ha dicho que…
leia se levantaaaaa!!! y fina kasi no sabe hablar,solo dice ke fuerte! menos k sabe besar apasionadamente jajajajajjajaja
Verónica (peke) ha dicho que…
Y ya me enganchado a la hostoria, como lo haces???

besotes de esta peke.

pd. te espero por mi rincon con tu taza de cafe caliente, siempre que quieras...
Anónimo ha dicho que…
A ver si escribes más jodia!
Nefer ha dicho que…
A ver si escribes más jodia!

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