Volando voy

Extraño sábado el de este pasado fin de semana.
Increíblemente agotada por mi viaje laboral a Frankfurt, lo que menos necesitaba era pasarme prácticamente todo el día en el aeropuerto.
Gracias Iberia por tener unos aviones que pierden aceite y que impiden que podamos volar. Gracias Iberia por no decirnos absolutamente nada en todo el tiempo de espera y, ni siquiera, darnos algo decente de comer (una bolsita de almendras y un palote de pan). Gracias Iberia porque debido a vuestra incompetencia tuvimos que pasar dos veces el control policial y la "amable" polizei se empleó a conciencia en mi cacheo. Y sobretodo, gracias por hacernos llegar sólo 6 horas más tarde de lo esperado.
Eso sí, al menos, me sirvió para hacer un repaso a mi estancia en Frankfurt. Una estancia que fue, claramente, de más a menos.
Empezó el jueves con una sorprendentemente agradable cena con representantes de todo el mundo de la empresa y que me deparó alguna que otra sorpresa provocada por el efecto que el alcohol tiene como desinhibidor.
Con apenas 3 horas de sueño, un viernes agotador en la Feria hablando de cifras de negocio, de nuevas colecciones y observando la hipocresía que podemos llegar a desprender cuando se tienen que conseguir clientes. El día me deparó un horrible dolor de pies y de cabeza, ya que escuchar durante todo el día un idioma que no es el tuyo y esforzarte en hablarlo, acabó conmigo.
Se me antojaba el sábado como mi momento de descanso, con un regreso rápido a Barcelona que me permitiese descansar un poco para salir luego a tomar algo.
Hasta que Iberia me despertó.

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