Despertares

Mi coche ha muerto.
Ha muerto mi medio de transporte más utilizado (aunque bien podría decir único medio de transporte) desde hace diez años.
Y sinceramente, aunque intento ver el lado positivo pensando en cosas como que contamino menos, hago ejercicio porque tengo 20 minutos andando hasta la estación de tren, etc., la verdad es que no lo llevo nada bien.
Para empezar, tengo que levantarme antes porque la combinación de tren y autobús que tengo para llegar a mi trabajo no es buena.
Además, como ya he dicho, tengo que caminar 20 minutos que, con el calor que está haciendo, llego al andén prácticamente hiperventilada. Y que conste que, precisamente por eso, intento ser más tolerante con la gente que llega sudada al vagón, pero hoy se ha sentado a mi lado una chica que no había visto una ducha en una semana por lo menos.
¡Señores! Un poquito de por favor, que es que he ido mareada medio trayecto. ¡Existen los desodorantes!
Durante la otra mitad del trayecto me he dedicado a observar al resto de acompañantes de viaje (uno de mis entretenimientos favoritos), tarareando en mi mente una estrofa de la canción de James Blunt "You're beautiful", cuando explica que en el tren (o metro) ve un ángel (en referencia a una chica preciosa). Pues bien, yo no he visto ninguno, más bien me he asqueado al comprobar que sigue habiendo hombres que devoran con los ojos sin ningún pudor a niñas que podrían ser sus hijas. Juro que he estado a punto de gritarle que era un guarro.
A todo esto, he mirado el reloj porque notaba que ya se me estaba empezando a torcer el humor y sólo eran las 8 de la mañana.
Entonces, al bajar del tren, una chica con pintas de "okupa neo-hippie" (me invento esta nueva tribu urbana) que debía llegar tarde no sé adonde porque ya no hay instituto, me ha pegado un mochilazo que casi me tira las gafas.
"¡Joder!", he gritado porque era lo que me salía del alma.
La pobre chavala se ha girado y pidiéndome perdón me ha preguntado si estaba bien.
Me hubiera apetecido decirle la verdad y decirle que no, que no estaba bien, que mi coche había muerto, que tenía sueño, que quería que llegaran ya las vacaciones, que en el tren no había encontrado a ningún ángel y que encima hoy me había pesado y había visto que me he engordado.
Pero le he dicho que sí, que estaba bien. Así que se ha vuelto a girar para seguir su camino y entonces he leído el parche que llevaba en su mochila:
"Ante todo, mucha calma".
Lo primero que veo que me gusta del día.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
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