Tierra ¡trágame!

Es malo no tener información.
Pero es peor dar cosas por hecho o dar por cierto algo que creemos sin saber si es verdad o no.

El otro día fui testigo de una situación así en el rellano de mi piso.
Se creó una situación tensa e incómoda que me ha dado en qué pensar.

Era sábado y estaba limpiando un poco el piso.
Estaba limpiando el recibidor e iba a abrir la puerta para limpiarle un poco el polvo cuando oí que picaban la puerta de mi vecina de enfrente.

Reconozco que soy cotilla y que siempre que oigo alguna voz en el rellano, miro por la mirilla de mi puerta para cotillear, así que esta vez no fue diferente e hice exactamente lo mismo.

Resulta que era mi otra vecina de al lado. Una mujer bastante mayor que vive con su marido enfermo y que salen bastante poco a la calle.
Pues bien, estaba llamando a la puerta de mi vecino de enfrente que debe hacer unos 6 meses que compró el piso y que vive con una chica cubana joven.

Todo esto lo sé porque la antigua propietaria de ese piso me tuvo al día de todos los posibles compradores que recibía.

Le abrió la puerta la chica cubana y mi vecina ni corta ni perezosa le preguntó si podría pasar por su casa un par de horas a la semana para limpiar.

- ¿Cómo? - le preguntó la chiquita.

Mi vecina salió rápidamente de su error y le dijo:

- Pensé que eras la chacha.

- ¿Por qué? ¿Por qué soy negra o por qué soy extranjera?

En ese momento mi vecina mayor no sabía dónde meterse y, aunque estoy segura de que no lo había preguntado de mala fe, entiendo perfectamente lo racista del comentario y lo ofendida que se pudo sentir mi otra vecina.

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