Ice queen

Se sorprendió al ser consciente de que se despertaban en ella sentimientos que pensaba tenía olvidados.

Se sintió un poco confusa.

¿Era real lo que sentía?

Hacía tiempo que había decidido no volver a confiar en nadie, no dejar que nadie penetrase el muro de frialdad que se había fabricado. Había decidido no volver a dejar que nadie, absolutamente nadie, le hiciese de nuevo daño.

Obviamente, no siempre había sido así. Aunque tampoco se pudiera decir que antes hubiese sido confiada o inocente. Para sus cosas, siempre había sido bastante reservada, pero una vez que se lanzaba, lo daba TODO.

Y TODO quería decir que, como había comprobado, podía llegar a límites de sumisión que rozaban lo que ahora se denominaba maltrato psicológico.

Ser manipulada, en situaciones como las que había vivido, había sido sorprendentemente fácil. Apenas sin oponer resistencia, había dejado que los caminos de aquella relación fuesen por donde ella nunca hubiese deseado, llegando a no distinguir entre lo que estaba bien y lo que estaba mal, entre lo que era amor y lo que era abuso.

Y un día, sin saber por qué, decidió poner fin a aquella situación.

No volvió a contestar a sus llamadas, ni volvió a pisar los lugares que compartían. Decidió romper con todo. Y rompió también con sus sentimientos y emociones, prometiéndose no volver a dejar que nadie la pisotease y prohibiéndose a sí misma volver a dejar que nadie invadiera su intimidad.

Lo que pensó que le resultaría imposible, cubrirse de un manto de hielo e impermeabilizarse de las emociones que la rodeaban, se convirtió en una costumbre. Hasta tal punto se profesionalizó en la ocultación de sus sentimientos que, incluso su familia, la acusó de no tener sentimientos y, burlescamente, sus amistades más antiguas la llamaban Ice Queen.

Y ahora de nuevo ese cosquilleo en el estómago, ese interés por alguien.

¿Sería real que también ella estaba empezando a sentir el deshielo?

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