Hoy me pongo la mini ...

Eran casi las 8 y media de la tarde cuando sonó su móvil.

- ¿Sí?
- ¡Hola! – una voz alegre le preguntaba –. ¿Ya has salido del gimnasio?
- Sí. Ahora acabo de salir. ¿No irás a decirme ahora que no vamos al concierto?
- ¡Qué va, qué va! Sólo quería preguntarte si me pongo la mini.
- Tú sabrás. ¿Por qué me lo preguntas? ¿Me estás pidiendo permiso?
- No tía. Es para avisarte.
- ¡Ah vale! O sea que vamos de caza y mejor me quito esta camisetucha que llevo. ¡Qué palo me da! Yo ya no sé ligar. Hace tiempo que estoy fuera del “mercado”.
- No, de caza no. Yo solo quiero que me suban la moral. No quiero líos ni nada.
- Vale, vale. Ponte la mini que, así, se acercarán los tíos que, por supuesto, rechazarás y tendré yo más donde elegir.
- ¡Vale! ¡Ponte tú también una minifalda!
- ¡Qué dices! Ya sabes que yo no tengo ni faldas, ni minifaldas, ni cinturones anchos...
- Bueeeno. Te paso a recoger por tu casa en 1 hora. Hasta luego.

En realidad, la hora se convirtió casi en hora y media, así que si querían cenar, la idea de ir al concierto empezaba a difuminarse.
Esa idea se fue difuminando más y más a medida que el vino iba llenando sus copas entre risas, confesiones y despellejo de ese ser humano llamado “hombre”.
Acabada la cena o, más bien el vino, se decidieron a descubrir los garitos de la zona, consiguiendo que el grado de alcohol en sangre siguiera subiendo.
Y acabaron como tenían que acabar. En el garito de siempre.

- Oye. Ese no es tu ex.
- No jodas – se giró para confirmarlo –. Sí, es él. ¿Qué hago? Voy a decirle algo, ¿no?
- Bueno, no hace falta que vayas. Te ha visto y viene hacia aquí. Posiblemente atraído por tu mini.

Se miraron, miraron la minifalda y les dio un ataque de risa que casi acaba con las dos en el suelo.
Consiguieron recobrar la compostura justo cuando él ya estaba a su lado y las saludó.

- Hola. ¡Qué bien os lo estáis pasando, eh!
- Ya ves. La verdad es que sí.
- Estáis muy guapas. Especialmente tú. ¿Te había visto esa minifalda?

Volvieron a soltar una carcajada y, pese al nivel etílico, ambas se dieron cuenta de lo que iba a pasar, así que se decidió a dar una vuelta y dejar a su amiga “minifaldera”.
Se acercó al oído de su amiga y le dijo:

- Me voy a dar una vuelta por ahí.
- Pero no hace falta que te vayas. ¿Dónde vas?

Se quedó pensativa un momento y luego le contestó:

- A follar. Y recuerda, no hagas nada que yo no haría.

Y eso hicieron.

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