La historia interminable



Hace días que no escribo. Parece que he vuelto a secarme.
Y ganas de escribir tengo. Voy en el coche, camino de casa después del trabajo y pienso, ahora cuando llegue escribiré algo. Luego, llego a casa, me siento frente al ordenardor y... nada.

No hay historias que contar. Las historias pasadas que se repiten, cada cierto tiempo, en mi mente me aburren ya incluso a mí (no quiero ni pensar en lo que debo haber aburrido a mis amigos).

Me empiezo a dar cuenta de que los bajones periódicos no son por las historias pasadas con finales no deseados o por la pérdida de amores o amistades, sino por la poca esperanza de futuro.

Me levanto por la mañana, voy a trabajar, vuelvo a casa.... Así un día tras otro. Me temo que estoy atrapada en un bucle de rutina, esa que a veces necesito para sentirlo todo bajo control, pero que ahora noto que me asfixia.

En fin, otro día más que tendrá que esperar mi novela para dejar de ser inacabada.

Ahora apagaré el ordenador y me sentaré en mi hamaca mirando al mar. Es lo que sigue compensando esa carga llamada hipoteca.

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