Del 2 al 3


Pues no ha sido para tanto.
Hace unos meses el hecho de cambiar de década me provocaba vértigo y un miedo brutal (¡Dios, caigo inevitablemente en el abismo de los 30!). Pero hoy, precisamente hoy que es el día de mi cumple, pues no.

Me siento perfectamente y, además, muy relajada.
Relajada, pero a la vez con energía renovada y con ganas de hacer un montón de cosas. Es como si alcanzara la mayoría de edad, libre para hacer y decir lo que quiera.

Ya sé que me podía haber pasado antes, pero mira, me pasa ahora.

Antes, cumplir 30 años para mí significaba abandonar la década de las fiestas, la ilusión, el mundo en las nubes... Era tener una vida establecida, saber lo que querías, controlar hacia donde se dirigía tu vida, en definitiva, ser mayor.

Pero, por suerte o por desgracia, no es así. Yo sigo sin saber lo que quiero ni hacia donde se dirige mi vida, sigo paseando por las nubes y me sigue apeteciendo mucho salir de fiesta.

Después de todo, siempre me ha gustado cumplir años. Eso no me hace mayor. Me hace sentir mayor más el hecho de ir a bodas de amigos o familiares de mi edad o más pequeños.

Menos mal que siguen quedando las nuevas generaciones que me llevan de fiesta. Unas generaciones que se sorprenden cuando les digo mi edad y que me miran, a partir de ese momento, del mismo modo que yo miraba a los que tenían 30 cuando yo tenía 25, pensando "¡30, qué mayor!".

Pues sí, soy mayor. He saltado del 2 al 3 y Peter Pan sigue acompañándome en mi viaje, igual que todos esos amigos que seguís ahí, aguantándome y que, hoy descubro que sois muchos. Muchas gracias. Os quiero.

Y bueno, que estáis esperando. ¡Felicitadme!

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