miércoles, marzo 22, 2017

Capítulo 4: De cuando mientes más que hablas

Hay veces que te esfuerzas tanto en parecer que estás bien que te lo crees.
Y muchas de esas veces lo haces para evitar que te pregunten ¿qué tal? Es una pregunta difícil.
Es una pregunta muy difícil porque la mayoría de la gente no está dispuesta a escuchar una respuesta sincera. Y entonces mientes.
Mientes cuando haces cosas que no te apetecen porque se supone que son cosas que te ayudarán a seguir con tu vida adelante. Mientes cuando participas en conversaciones banales con tus amigas o cuando tu madre te abraza por no preguntarte y tú solo puedes tragar y decir "estoy bien, mamá, de verdad".
Descubres que las mentiras son un flotador maravilloso para no ahogarte y que una mentira, lleva a otra mentira.
Y empiezas a mentir a esa chica de Madrid con la que intercambias whatsapp subidos de tono, a tus amigas y a tu familia cuando no les dices que contestaste aquél whatsapp de tu ex y te estás acostando con ella cuando a ella le apetece. Te mientes a ti cuando te dices que lo tienes controlado. Le mientes a ella, a tu ex, cuando le dices que tu viaje a Madrid es para acompañar a una amiga que quiere ligarse a una tía, cuando en realidad eres tú la que se quiere acostar con esa tía. Y vuelves a mentirte porque crees que lo haces porque ya no la quieres.
Las mentiras te anestesian a ti y a tu entorno, son un analgésico efectivo contra la pena. Tanto, tanto, que te lo crees, pasan los días, las semanas, los meses y volver a estar bien estará cerca de ser la primera verdad en mucho tiempo.

lunes, marzo 13, 2017

Capítulo 3: De cuando le das el teléfono a cualquiera

La euforia por volver a poder tontear tras tanto tiempo en pareja me duró exactamente 4 días. El tiempo que tardé en descubrir que el Wapa, Tinder, MagLes... no eran lo mío.

Además, me invadió una extraña urgencia por volver a ligar con alguien. 
¿Por qué? Pues porque en mi infinita estupidez y, basándome en la irrefutable teoría de que las mujeres casadas ligan más, calculé que el "influjo parejil" me podía durar 1 mes. A partir de ese momento, yo ya no desprendería feromonas atrayentes para el resto de solteras... 
Eso y que también recordé que no se me daba bien ligar y que terminaría volviendo a las tácticas LSL

Bien, veamos, no hay tiempo que perder. ¿Cómo ligaba yo antes? .... No ligaba. Bien, ¿y cómo conseguiste tener novias? Me las presentó alguien. ¡Bingo! Busquemos amigas que me presenten amigas, porque ya se sabe "las amigas de mis amigas son mis amigas".

Empecé a mover hilos, o más bien a comunicarle a todo el mundo mi nueva situación sentimental. 
Resultado: descubrí que la mayoría de mis amigas estaban casadas desde hacía mucho, no salían y las pocas conocidas que tenían también estaban emparejadas. "Pero si se me ocurre alguna amiga que presentarte, ya te llamo", me dijeron.

Deprimida, me metí en la cama, dispuesta a mojar mis sábanas blancas recordándola. En ello estaba, cuando me sonó el teléfono con el sonido del whatsapp. Lo cogí y lo miré: 2 conversaciones nuevas.

Conversación 1: 
A: Tienes una amiga tarada, lo sabías? Le da tu teléfono a cualquiera.

Conversación 2:
Ex-muhé: Tengo ganas de verte. Te apetece que cenemos en tu casa el viernes?

¿Y ahora qué iba a hacer?


jueves, febrero 16, 2017

Capítulo 2: De cuando me instalo el Wapa

Casi no lloré cuando se marchó... parecía que me habían anestesiado.
Eso sí, me faltó tiempo para llenar de cosas y ropa el armario y cajones que habían quedado vacíos. Era febril. Como cuando tenía que pensar la frase que iba a poner al girar el folio cuando hacía un examen, para no quedarme en blanco.

"Tienes que hacer cosas que no pudieras hacer cuando estabas con ella". Eso es lo que me recomendaban... pensé y pensé y no se me ocurría nada. Al menos nada sano, porque solo se me ocurría fumar y comer bacon... pero tampoco era plan de ponerse como una ceporra y llenar mis arterias de grasa y mis pulmones de nicotina. Por fin lo supe. Ahora solo veo fútbol. En bucle.
Recuperé el chaise-longue del sofá y se convirtió en mi trinchera: manta, portatil, móvil, cargador, los mandos... y kleenex.
No lloré. Pensé en cosas tristes. No lloré. Pensé en que nunca la volvería a besar. No lloré. Pensé en que ya no tenía pareja. Y no lloré. Y entonces una revelación: un momento, estoy soltera. ¡Puedo volver a tontear!
Cogí el móvil y me instalé el wapa. Escogí con cuidado y mimo las fotos: sonriendo, en esta "parezco" inteligente y cultureta, en esta con gafas... Suficiente. ¿Qué es lo siguiente? Descripción... coño, qué difícil. ¿Intento ser graciosa? ¿Misteriosa? ¿Digo lo que busco? Si ni siquiera lo sé... sólo quiero mirar. ¿Y si no pongo nada?
Continuar. Por fin se me empiezan a mostrar las chicas wapas cercanas a mi entorno...
Un momento... pero ¿esto qué es?... si no hay cercanas... pero si no tienen foto... pero si las que tienen foto no deberían ponerla! ¡¿Por qué se llama wapa esta aplicación?!

Y entonces lloré.

martes, febrero 07, 2017

Capítulo 1: De cuando me dejó

Hay muchos tipos de ruptura... supongo, yo casi siempre he vivido la misma: han conocido a otra persona.
Esta vez fue diferente. Se ve que las relaciones se acaban también cuando a una de las partes se les acaba el amor. Dos no se pelean si uno no quiere, pero dos no se quieren si uno no quiere.
Lo jodido es que a ti no se te haya acabado el amor. Putada, claro. Porque es que encima no puedes ni odiar... si es que me parece hasta de valientes dejar una relación "sin motivo", cuando lo más "fácil" suele ser continuar con alguien a quien quieres y con quien te llevas bien.
¿Me preguntan si no lo vi venir? Y no, no lo vi... o sí, pero solo 1 hora antes, cuando la fui a buscar al trabajo con unos bombones y su respuesta fue fría.
Llegamos a casa y yo sabía que algo pasaba, pero no quise hablar, era como negarme a una realidad que no quería saber. Puse la tele mientras pensaba "esto pasará", pero no pasó... o pasó, se sentó a mi lado y me dijo adiós.

Y entonces algo se rompió en mí. Fue como si me abriesen en canal y me vaciaran las entrañas. Es metafórico, claro. A la mañana siguiente me pesé y seguía igual de rellena.

Así que allí estaba yo frente al espejo, igual de rellena, con más canas y absolutamente desentrenada, abandonada a mi suerte en un naufragio del que tenía que tratar de salvarme ¿volviendo al mercado?

jueves, febrero 02, 2017

Aprendizajes

Creo que tengo déficit de atención porque no hay manera de aprender.
No aprendo que las cosas se acaban.
No aprendo a pasar página.
No aprendo a pasar de quién pasa de mí.
No aprendo a dejar de buscar a quien no me busca.

Eso sí, lo único que he aprendido en estos meses de chatear y chatear con desconocidas es la diferencia entre el apego y aferrarse, que aferrarse a alguien es creer que es la mujer de tu vida y que nunca encontrarás a alguien mejor, mientras que el apego es el hábito de estar con esa persona. Aprendí, por tanto, que lo que tengo que superar es el apego, porque la única mujer de mi vida soy yo misma y eso ya lo tenía claro de serie.

Si lo pienso no está tan mal. Seguiré chateando con mujeres desconocidas a ver si me enseñan algo más... y si es corporalmente, mejor.